El móvil anestesiador emocional

A lo largo de nuestra vida, es posible que hayamos buscado mecanismos para evadir nuestra realidad.

La necesidad de validación social o el miedo a quedarse solos, son algunas razones por las que las personas deciden sumergirse en el teléfono móvil como vía de escape. Cuando tenemos un problema que nos proporciona una emoción que no nos gusta, usamos el móvil para no estar pendientes de lo que nos ocurre, y así recurrimos a ese efecto de anestesia, que lo que hace es perpetuar o agravar el problema.

Los dispositivos electrónicos elevan de manera crónica nuestros niveles de cortisol, (la principal hormona del estrés), por lo que el teléfono móvil podría amenazar nuestra salud y acortar nuestra vida.

Además, los teléfonos móviles y las aplicaciones están diseñadas para detonar la liberación de dopamina, (un neurotransmisor que produce un efecto de placer o felicidad inmediata, que puede provocar adicción), con el objetivo de hacer que sea difícil dejar de usarlos.

Por todo ello, es muy saludable reducir la cantidad de veces que miramos la pantalla del móvil y condicionar su uso  a determinados momentos del dí,a tanto en el ámbito laboral siempre que sea posible, como en casa.

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